Porq no me dijiste nada
Me hubieras evitado muchas lagrimas
Cuando volvi y no te vi
Escapaste de la nada
Porq nadie te perseguia
Nadie nunca te persiguio
El cuarto luce vacio
desarreglado, con la mitad de la ropa
a medialuz
El piano me mira fijo
me quiere acompañar
el silencio me mata
No habia razon para irte asi
No habia razon para huir
Siempre es mas facil hablar
No te iba a torcer la desicion
Tampoco te iba a pedir una razon
Pero si hubiese querido escucharte
Ahora ya es tarde
Seguro volveras por algo
Y te pedire q no lo hagas, no
Ahora miro para adelante
El duelo sera cuestion de tiempo
El duelo lo elijo yo
Dejaste tu olor en este lugar
tendre q limpiar
limpiar para olvidar
Tire todas tus notas
Tire lo q quedaba de vos
Limpio y vacio me quede
viernes, 21 de noviembre de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
Perdidas
A veces
las perdidas parecen infimas
hasta q logramos enfocarlas
ahi aparecen
y descubrimos la verdadera dimension
es el muro necesario
luego construimos puertas
muchas manijas para muchas mas puertas
pero no tenemos el tiempo
ni las ganas
para abrir o probar todas
y elegimos
y nos podemos equivocar
tambien acertamos y nos recuperamos
pero esas perdidas
siempre nos acompañaran
las perdidas parecen infimas
hasta q logramos enfocarlas
ahi aparecen
y descubrimos la verdadera dimension
es el muro necesario
luego construimos puertas
muchas manijas para muchas mas puertas
pero no tenemos el tiempo
ni las ganas
para abrir o probar todas
y elegimos
y nos podemos equivocar
tambien acertamos y nos recuperamos
pero esas perdidas
siempre nos acompañaran
domingo, 20 de julio de 2008
Sexus
-Entonces confesó algo que era –bien lo sabía yo- una puñetera mentira, pero aun así, interesante. Una de esas “deformaciones” o “trasposiciones” propias de los sueños. Sí, cosa bastante curiosa, las otras chicas, verdad, sintieron lástima de ella… lástima de haberla metido en aquél fregado. Sabían que no estaba acostumbrada a acostarse con todo quisqui. Así, que pararon el coche y cambiaron de asiento para que se sentara delante, con el tipo peludo, que hasta entonces había parecido decente y tranquilo. Ellas se sentaron detrás en las rodillas de aquellos hombres, con las faldas alzadas, mirando hacia delante y, mientras fumaban sus cigarrillos y reían y bebían, les dejaba ponerse las botas.
“¿Y qué hizo el otro tipo, mientras sucedía eso?”, me sentí obligado a preguntar al final.
“No hizo nada”, dijo. “Le dejé que me cogiera la mano y le hablé lo más rápido que pude para quitárselo de la cabeza.”
“Venga, hombre”, dije, “déjate de cuentos. A ver, ¿qué hizo? ¡Cuenta!¡Cuenta!”
Bueno, el caso es que le tuvo cogida la mano mucho tiempo, lo creáis o no. Además, ¿qué podía hacer? ¿Es que no iba conduciendo el coche?
“¿Quieres decir que en ningún momento se le ocurrió parar el coche?”
Claro que sí. Lo intentó varias veces, pero ella lo convenció para que no lo hiciese… Ése era el rollo. Estaba pensando desesperadamente cómo pasar a la verdad.
“¿Y al cabo de un rato?”, dije, para allanar el terreno.
“Pues, de repente, me soltó la mano…” Hizo una pausa.
“¡Sigue!”
“Y después volvió a cogerla y se la colocó sobre la pierna. Llevaba la bragueta abierta y tenía el aparato tieso… y estremeciéndose. Era un aparato enorme. Me entró un susto tremendo, pero no me dejaba retirar la mano. Tuve que hacerle una paja. Después paró el coche e intentó arrojarme fuera. Le rogué que no lo hiciese. “Sigue conduciendo despacio”, dije, “Haré lo que quieras… después. Estoy asustada”. Se limpió con un pañuelo y reanudó la marcha. Entonces empezó a decir las guarrerías más soeces…”
“¿Como por ejemplo?¿Qué dijo exactamente?¿Lo recuerdas?”
“Oh, no quiero hablar de eso… era repugnante.”
“Después de lo que me has contado, no veo por qué vacilas por unas palabras”, dije, “¿Qué diferencia hay? Igual podrías…”
“Muy bien, si lo deseas… “Eres la clase de tía a la que me gusta follar”, dijo. “Hace mucho tiempo que tengo ganas de joderte. Me gusta la forma de tu culo. Me gustan tus tetas. No eres virgen: ¿a qué vienen tantos remilgos? Como si no te hubieran jodido más que una gallina… como si no tuvieses un coño que te llega hasta los ojos” …y cosas así.”
“Me estás poniendo cachondo”, dije. “Vamos, cuéntamelo todo”
Ahora veía que le encantaba desembuchar. Ya no era necesario disimular por más tiempo: estábamos disfrutando los dos.
Al parecer, los hombres del asiento trasero querían cambiar de pareja, cosa que la asustó de verdad. “Lo único que podía hacer era fingir que quería que me jodiese el otro primero. Éste quería parar al instante y salir del coche. “Conduce despacio”, lo engatusé, “luego podrás hacer lo que quieras conmigo… no quiero tenerlos a todos encima a la vez”. Le cogí la picha y empecé a darle masajes. Al cabo de un intante estaba tiesa… más incluso que antes. ¡La Virgen! Te lo aseguro, Val, nunca había tocado una herramienta como aquélla. Debía de ser un animal. Me obligó a cogerle los huevos también: eran pesados y estaban hinchados. Se la meneé deprisa, con la esperanza de hacerlo correrse enseguida…”
“Oye”, le interrumpí, excitado con lo de la gran polla de caballo, “hablemos claro. Debías de morirte de ganas de follar, con aquél aparato en la mano…”
“Espera”, dijo, con los ojos brillantes. Ya estaba tan mojada como una gansa, con los masajes que le había estado dando…
“No me hagas correrme ahora”, suplicó, “o no podré acabar la historia. ¡La Virgen! Nunca pensé que querrías oír todo esto”. Cerró las piernas bajo mi mano, para no excitarse demasiado. “Oye, bésame…” y me metió la lengua hasta la garganta. “Ay, Señor, ¡ojalá pudiéramos follar ahora! Esto es una tortura. Tienes que curarte eso pronto… me voy a volver loca…”
“No te distraigas… ¿Qué más ocurrió? ¿Qué hizo él?”
“Me cogió por la nuca y me metió la cabeza a la fuerza en su entrepierna. “Voy a conducir despacio como has dicho”, susurró, “quiero que me la chupes. Después de eso, estaré listo para echarte un polvo como Dios manda”. Era tan enorme, que creí que iba a asfixiarme. Sentí ganas de morderlo. De verdad, Val, nunca había visto una cosa igual. Me obligó a hacerle de todo. “Ya sabes lo que quiero”, dijo, “Usa la lengua. No es la primera vez que te metes una picha en la boca”. Al final, empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo, a meterla y sacarla. Me tuvo todo el tiempo cogida de la nuca. Estaba a punto de volverme loca. Entonces se corrió… ¡pufff! ¡Qué asco! Creí que no acabaría nunca de correrse. Aparté la cabeza rápidamente y me echó un chorro a la cara… como un toro.”
Para entonces estaba a punto de correrme yo también. La picha me bailaba como una vela mojada. “Con purgaciones o sin ellas, esta noche follo”, pensé para mis adentros.
Después de una pausa, reanudó el relato. Que si la hizo acurrucarse en el rincón del coche con las piernas levantadas y le anduvo hurgando por dentro, mientras conducía con una mano y el coche iba haciendo eses por la carretera, que si le hizo abrirse el coño con las dos manos y después lo enfocó con la linterna, que si le metió el cigarrillo y la obligó a intentar chupar con el coño. Que si uno de ellos intentó ponerse de pie y meterle la picha en la boca, pero que estaba demasiado borracho para lograrlo. Y las chicas… entonces ya en pelotas y cantando canciones verdes, sin saber adónde se dirigía ni qué vendría después.
“No”, dijo, “tenía demasiado miedo para sentirme apasionada. Eran capaces de cualquier cosa. Eran unos matones. En lo único que podía pensar era en cómo escapar. Estaba aterrada y lo único que él seguía diciendo era: “Ya verás, preciosa… te voy a joder hasta las entrañas. ¿Qué edad tienes? Ya verás…”. Y entonces se la cogía y la blandía como una porra. “Cuando te meta esto dentro de ese chochito tan mono que tienes, vas a sentir algo. Voy a hacer que te salga por la boca. ¿Cuántas veces crees que puedo hacerlo? ¡Adivina!”. Tuve que responderle “¿Dos…tres veces?”. “Supongo que nunca te han echado un polvo de verdad. ¡Tócala!”. Y me hizo cogerla otra vez, mientras se movía hacia delante y hacia atrás. Estaba viscosa y resbaladiza… debió de estar corriéndose todo el tiempo. “¿Qué tal sienta, amiga? Puedo alargarla dos o tres centímetros más, cuando te barrene ese agujero tuyo con ella. Por cierto, ¿qué tal, si te la metiera por el otro agujero? Mira, cuando acabe contigo, no vas a poder ni pensar en follar en un mes”. Así es como hablaba…”
“¡Por el amor de Dios, no te detengas ahora!”, dije. “¿Qué más?”
Pues, paró el coche, junto a un campo. Se habían acabado las contemplaciones. Las chicas estaban intentando vestirse, pero los tipos las sacaron desnudas. Estaban gritando. Una de ellas se ganó un guantazo en la mandíbula para que fuese aprendiendo y cayó como un tronco junto a la carretera. La otra se puso a apretar las manos, como si estuviese rezando, pero no podía emitir sonido alguno, de tan paralizada estaba por el miedo.
“Esperé a que abriera su puerta”, dijo Mona. “Entonces salí de un brinco y eché a correr por el campo. Se me salieron los zapatos. Me corté los pies con los espesos rastrojos. Corrí como una loca y él tras de mí. Me alcanzó y me arrancó el vestido: lo desgarró de un tirón. Después le vi alzar la mano y al momento siguiente vi las estrellas. Tenía agujas en la espalda y veía agujas en el cielo. Él estaba encima de mí cabalgándome como un animal. Me hacía un daño terrible. Quería gritar, pero sabía que lo único que haría sería volver a pegarme. Me quedé tumbada y rígida de miedo y lo dejé magullarme. Me mordió por todo el cuerpo –los labios y las orejas, el cuello, los hombros, los pechos- y no dejó de moverse ni por un instante: no paraba de follar, como un animal enloquecido. Pensé que me había roto todo por dentro. Cuando se retiró, creí que había acabado. Me eché a llorar. “Calla”, dijo, “o te doy una patada en la mandíbula”. Sentía la espalda como si hubiera estado rodando entre cristales. Él se quedó tumbado boca arriba y me dijo que se la chupase. Todavía la tenía grande y viscosa. Creo que debía de tener una erección perpetua. Tuve que obedecer. “Usa la lengua”, dijo, “¡Lámela!”. Se quedó tumbado respirando pesadamente, con los ojos en blanco y la boca completamente abierta. Después me puso encima de él, haciéndome saltar como si fuera una pluma, girándome y retorciéndome como si estuviese hecha de goma. “Así está mejor, ¿eh?”, dijo. “Ahora dale tú, ¡zorra!”, y me sostuvo ligeramente de la cintura con las dos manos, mientras yo follaba con todas mis fuerzas. Te lo juro, Val, no me quedaba una pizca de sentimiento… excepto un dolor abrasador, como si me hubieran metido por el cuerpo una espada al rojo vivo. “Ya está bien”, dijo. “Ahora ponte a cuatro patas… y levanta bien el culo”. Entonces me lo hizo todo… la sacaba de un sitio y la metía en el otro. Me tenía con la cabeza enterrada en el suelo, en pleno lodo, y me obligó a cogerle los cojones con las dos manos. “¡Apriétalos!”, dijo, “pero no demasiado fuerte, ¡o te parto la boca!”. El lodo me estaba entrando en los ojos… apestaba horriblemente. De repente, sentí que apretaba con todas sus fuerzas… estaba corriendose otra vez… era caliente y espesa. Yo ya no podía resistir un momento más. Me desplomé de cara contra el suelo y sentí derramárseme la lefa por la espalda. Le oí decir: “¡Maldita sea tu estampa!”, y después debió de golpearme otra vez, porque no recuerdo nada hasta que me desperté tiritando de frío y me vi cubierta de cortes y magulladuras. El suelo estaba mojado y yo estaba sola…”
En aquél punto la historia siguió una dirección y despues otra y otra. Con mi afán por seguir sus divagaciones, casi me olvidé del sentido de la historias, que era el de que ella había contraído una enfermedad. Al principio no se había dado cuenta de lo que era, porque se había manifestado como un grave acceso de hemorroides. La causa había sido haber permanecido tumbada en el suelo mojado, afirmó. Al menos, esa había sido la opinión del médico. Después vino lo otro… pero había ido al médico a tiempo y la había curado.
“¿Y qué hizo el otro tipo, mientras sucedía eso?”, me sentí obligado a preguntar al final.
“No hizo nada”, dijo. “Le dejé que me cogiera la mano y le hablé lo más rápido que pude para quitárselo de la cabeza.”
“Venga, hombre”, dije, “déjate de cuentos. A ver, ¿qué hizo? ¡Cuenta!¡Cuenta!”
Bueno, el caso es que le tuvo cogida la mano mucho tiempo, lo creáis o no. Además, ¿qué podía hacer? ¿Es que no iba conduciendo el coche?
“¿Quieres decir que en ningún momento se le ocurrió parar el coche?”
Claro que sí. Lo intentó varias veces, pero ella lo convenció para que no lo hiciese… Ése era el rollo. Estaba pensando desesperadamente cómo pasar a la verdad.
“¿Y al cabo de un rato?”, dije, para allanar el terreno.
“Pues, de repente, me soltó la mano…” Hizo una pausa.
“¡Sigue!”
“Y después volvió a cogerla y se la colocó sobre la pierna. Llevaba la bragueta abierta y tenía el aparato tieso… y estremeciéndose. Era un aparato enorme. Me entró un susto tremendo, pero no me dejaba retirar la mano. Tuve que hacerle una paja. Después paró el coche e intentó arrojarme fuera. Le rogué que no lo hiciese. “Sigue conduciendo despacio”, dije, “Haré lo que quieras… después. Estoy asustada”. Se limpió con un pañuelo y reanudó la marcha. Entonces empezó a decir las guarrerías más soeces…”
“¿Como por ejemplo?¿Qué dijo exactamente?¿Lo recuerdas?”
“Oh, no quiero hablar de eso… era repugnante.”
“Después de lo que me has contado, no veo por qué vacilas por unas palabras”, dije, “¿Qué diferencia hay? Igual podrías…”
“Muy bien, si lo deseas… “Eres la clase de tía a la que me gusta follar”, dijo. “Hace mucho tiempo que tengo ganas de joderte. Me gusta la forma de tu culo. Me gustan tus tetas. No eres virgen: ¿a qué vienen tantos remilgos? Como si no te hubieran jodido más que una gallina… como si no tuvieses un coño que te llega hasta los ojos” …y cosas así.”
“Me estás poniendo cachondo”, dije. “Vamos, cuéntamelo todo”
Ahora veía que le encantaba desembuchar. Ya no era necesario disimular por más tiempo: estábamos disfrutando los dos.
Al parecer, los hombres del asiento trasero querían cambiar de pareja, cosa que la asustó de verdad. “Lo único que podía hacer era fingir que quería que me jodiese el otro primero. Éste quería parar al instante y salir del coche. “Conduce despacio”, lo engatusé, “luego podrás hacer lo que quieras conmigo… no quiero tenerlos a todos encima a la vez”. Le cogí la picha y empecé a darle masajes. Al cabo de un intante estaba tiesa… más incluso que antes. ¡La Virgen! Te lo aseguro, Val, nunca había tocado una herramienta como aquélla. Debía de ser un animal. Me obligó a cogerle los huevos también: eran pesados y estaban hinchados. Se la meneé deprisa, con la esperanza de hacerlo correrse enseguida…”
“Oye”, le interrumpí, excitado con lo de la gran polla de caballo, “hablemos claro. Debías de morirte de ganas de follar, con aquél aparato en la mano…”
“Espera”, dijo, con los ojos brillantes. Ya estaba tan mojada como una gansa, con los masajes que le había estado dando…
“No me hagas correrme ahora”, suplicó, “o no podré acabar la historia. ¡La Virgen! Nunca pensé que querrías oír todo esto”. Cerró las piernas bajo mi mano, para no excitarse demasiado. “Oye, bésame…” y me metió la lengua hasta la garganta. “Ay, Señor, ¡ojalá pudiéramos follar ahora! Esto es una tortura. Tienes que curarte eso pronto… me voy a volver loca…”
“No te distraigas… ¿Qué más ocurrió? ¿Qué hizo él?”
“Me cogió por la nuca y me metió la cabeza a la fuerza en su entrepierna. “Voy a conducir despacio como has dicho”, susurró, “quiero que me la chupes. Después de eso, estaré listo para echarte un polvo como Dios manda”. Era tan enorme, que creí que iba a asfixiarme. Sentí ganas de morderlo. De verdad, Val, nunca había visto una cosa igual. Me obligó a hacerle de todo. “Ya sabes lo que quiero”, dijo, “Usa la lengua. No es la primera vez que te metes una picha en la boca”. Al final, empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo, a meterla y sacarla. Me tuvo todo el tiempo cogida de la nuca. Estaba a punto de volverme loca. Entonces se corrió… ¡pufff! ¡Qué asco! Creí que no acabaría nunca de correrse. Aparté la cabeza rápidamente y me echó un chorro a la cara… como un toro.”
Para entonces estaba a punto de correrme yo también. La picha me bailaba como una vela mojada. “Con purgaciones o sin ellas, esta noche follo”, pensé para mis adentros.
Después de una pausa, reanudó el relato. Que si la hizo acurrucarse en el rincón del coche con las piernas levantadas y le anduvo hurgando por dentro, mientras conducía con una mano y el coche iba haciendo eses por la carretera, que si le hizo abrirse el coño con las dos manos y después lo enfocó con la linterna, que si le metió el cigarrillo y la obligó a intentar chupar con el coño. Que si uno de ellos intentó ponerse de pie y meterle la picha en la boca, pero que estaba demasiado borracho para lograrlo. Y las chicas… entonces ya en pelotas y cantando canciones verdes, sin saber adónde se dirigía ni qué vendría después.
“No”, dijo, “tenía demasiado miedo para sentirme apasionada. Eran capaces de cualquier cosa. Eran unos matones. En lo único que podía pensar era en cómo escapar. Estaba aterrada y lo único que él seguía diciendo era: “Ya verás, preciosa… te voy a joder hasta las entrañas. ¿Qué edad tienes? Ya verás…”. Y entonces se la cogía y la blandía como una porra. “Cuando te meta esto dentro de ese chochito tan mono que tienes, vas a sentir algo. Voy a hacer que te salga por la boca. ¿Cuántas veces crees que puedo hacerlo? ¡Adivina!”. Tuve que responderle “¿Dos…tres veces?”. “Supongo que nunca te han echado un polvo de verdad. ¡Tócala!”. Y me hizo cogerla otra vez, mientras se movía hacia delante y hacia atrás. Estaba viscosa y resbaladiza… debió de estar corriéndose todo el tiempo. “¿Qué tal sienta, amiga? Puedo alargarla dos o tres centímetros más, cuando te barrene ese agujero tuyo con ella. Por cierto, ¿qué tal, si te la metiera por el otro agujero? Mira, cuando acabe contigo, no vas a poder ni pensar en follar en un mes”. Así es como hablaba…”
“¡Por el amor de Dios, no te detengas ahora!”, dije. “¿Qué más?”
Pues, paró el coche, junto a un campo. Se habían acabado las contemplaciones. Las chicas estaban intentando vestirse, pero los tipos las sacaron desnudas. Estaban gritando. Una de ellas se ganó un guantazo en la mandíbula para que fuese aprendiendo y cayó como un tronco junto a la carretera. La otra se puso a apretar las manos, como si estuviese rezando, pero no podía emitir sonido alguno, de tan paralizada estaba por el miedo.
“Esperé a que abriera su puerta”, dijo Mona. “Entonces salí de un brinco y eché a correr por el campo. Se me salieron los zapatos. Me corté los pies con los espesos rastrojos. Corrí como una loca y él tras de mí. Me alcanzó y me arrancó el vestido: lo desgarró de un tirón. Después le vi alzar la mano y al momento siguiente vi las estrellas. Tenía agujas en la espalda y veía agujas en el cielo. Él estaba encima de mí cabalgándome como un animal. Me hacía un daño terrible. Quería gritar, pero sabía que lo único que haría sería volver a pegarme. Me quedé tumbada y rígida de miedo y lo dejé magullarme. Me mordió por todo el cuerpo –los labios y las orejas, el cuello, los hombros, los pechos- y no dejó de moverse ni por un instante: no paraba de follar, como un animal enloquecido. Pensé que me había roto todo por dentro. Cuando se retiró, creí que había acabado. Me eché a llorar. “Calla”, dijo, “o te doy una patada en la mandíbula”. Sentía la espalda como si hubiera estado rodando entre cristales. Él se quedó tumbado boca arriba y me dijo que se la chupase. Todavía la tenía grande y viscosa. Creo que debía de tener una erección perpetua. Tuve que obedecer. “Usa la lengua”, dijo, “¡Lámela!”. Se quedó tumbado respirando pesadamente, con los ojos en blanco y la boca completamente abierta. Después me puso encima de él, haciéndome saltar como si fuera una pluma, girándome y retorciéndome como si estuviese hecha de goma. “Así está mejor, ¿eh?”, dijo. “Ahora dale tú, ¡zorra!”, y me sostuvo ligeramente de la cintura con las dos manos, mientras yo follaba con todas mis fuerzas. Te lo juro, Val, no me quedaba una pizca de sentimiento… excepto un dolor abrasador, como si me hubieran metido por el cuerpo una espada al rojo vivo. “Ya está bien”, dijo. “Ahora ponte a cuatro patas… y levanta bien el culo”. Entonces me lo hizo todo… la sacaba de un sitio y la metía en el otro. Me tenía con la cabeza enterrada en el suelo, en pleno lodo, y me obligó a cogerle los cojones con las dos manos. “¡Apriétalos!”, dijo, “pero no demasiado fuerte, ¡o te parto la boca!”. El lodo me estaba entrando en los ojos… apestaba horriblemente. De repente, sentí que apretaba con todas sus fuerzas… estaba corriendose otra vez… era caliente y espesa. Yo ya no podía resistir un momento más. Me desplomé de cara contra el suelo y sentí derramárseme la lefa por la espalda. Le oí decir: “¡Maldita sea tu estampa!”, y después debió de golpearme otra vez, porque no recuerdo nada hasta que me desperté tiritando de frío y me vi cubierta de cortes y magulladuras. El suelo estaba mojado y yo estaba sola…”
En aquél punto la historia siguió una dirección y despues otra y otra. Con mi afán por seguir sus divagaciones, casi me olvidé del sentido de la historias, que era el de que ella había contraído una enfermedad. Al principio no se había dado cuenta de lo que era, porque se había manifestado como un grave acceso de hemorroides. La causa había sido haber permanecido tumbada en el suelo mojado, afirmó. Al menos, esa había sido la opinión del médico. Después vino lo otro… pero había ido al médico a tiempo y la había curado.
martes, 1 de julio de 2008
Para Jane
225 días bajo la hierba
y ya me conoces mejor que yo mismo.
ellos se han llevado tu sangre,
eres un palo seco en una canasta.
es así como funciona?
en este cuarto
las horas de amor
aún hacen sombras
cuando te fuiste
te llevaste casi
todo
me arrodillo en las noches
ante tigres
que no me dejarán ser.
lo que fuiste
no volverá a suceder.
los tigres me han encontrado
y no me importa
domingo, 15 de junio de 2008
Abraza la oscuridad.
La confusion es el dios
la locura es el dios la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte. La agonia puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser. no olvides las aceras,
las putas,
la traicion,
el gusano en la manzana,
los bares, las carceles
los suicidios de los amantes. aqui en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hemano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo. La gente que cree en la politica
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas no hay dios
no hay politica
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes mantente alejado de dios
permanece angustiado deslizate.
la locura es el dios la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte. La agonia puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser. no olvides las aceras,
las putas,
la traicion,
el gusano en la manzana,
los bares, las carceles
los suicidios de los amantes. aqui en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hemano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo. La gente que cree en la politica
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas no hay dios
no hay politica
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes mantente alejado de dios
permanece angustiado deslizate.
jueves, 8 de mayo de 2008
Si de encontrar hablamos....
y si....encontrar es lo mejor.......
pero a veces toma demasiado tiempo,
por eso es q uno trata d acortar distancias y busca,
y es ahi donde maquina de descarte en mano
uno va por la vida
hachando a un lado y otro del camino
y a veces
cuando uno tiene puesto el piloto automatico
hacha sin ver
y no se sube al tren
o la deja pasar
y si....encontrar es lo mejor.......
y no por evitar esfuerzo
y no por evitar tiempo
simplemente
porq la sensacion q te encuentren
es ampliamente superior
al hachazo constante
al descarte permanente
y si....encontrar es lo mejor.......
y sin copiar
copio
"Todavia no encontre lo q estaba buscando!"
pero a veces toma demasiado tiempo,
por eso es q uno trata d acortar distancias y busca,
y es ahi donde maquina de descarte en mano
uno va por la vida
hachando a un lado y otro del camino
y a veces
cuando uno tiene puesto el piloto automatico
hacha sin ver
y no se sube al tren
o la deja pasar
y si....encontrar es lo mejor.......
y no por evitar esfuerzo
y no por evitar tiempo
simplemente
porq la sensacion q te encuentren
es ampliamente superior
al hachazo constante
al descarte permanente
y si....encontrar es lo mejor.......
y sin copiar
copio
"Todavia no encontre lo q estaba buscando!"
martes, 22 de abril de 2008
Pañuelos
En la huida dejaste tu pañuelo azul
y las gotas para los ojos
Imagine tantas veces ese momento
q ahora lo siento de verdad
Las dudas de dejarte ir
ahora vuelven en forma de cuchillos
en un cafe , en un programa de radio
hay socios para compartir tristeza
La noche se hizo larga
mas larga q tu ausencia
la mesa queda ancha y sola
solo recibe copas de taiwan
No hay lagrimas en tu espalda
ni cuadros que colgar
los juegos q antes me divertian
me producen malestar.
y las gotas para los ojos
Imagine tantas veces ese momento
q ahora lo siento de verdad
Las dudas de dejarte ir
ahora vuelven en forma de cuchillos
en un cafe , en un programa de radio
hay socios para compartir tristeza
La noche se hizo larga
mas larga q tu ausencia
la mesa queda ancha y sola
solo recibe copas de taiwan
No hay lagrimas en tu espalda
ni cuadros que colgar
los juegos q antes me divertian
me producen malestar.
jueves, 21 de febrero de 2008
Volver
Para todo siempre es dificil empezar de nuevo
no solo en las relaciones humanas
tambien en los proyectos
en aquellas cosas q uno viene construyendo
y de repente
se derrumban
caen
Y levantarlo cuesta
tanto como cambiar de horizonte
porq a veces
resucitar algo ya no es posible
como la muerte misma
entonces hay q virar
y las preguntas arrecian
como? donde? hacia donde? que?
hoy se me vino todo abajo
otra vez
cuando parece q me puedo hechar una siesta
cuando parece q la tranquilidad aparece
tropiezo
caigo
y otra vez a empezar
otra vez
no solo en las relaciones humanas
tambien en los proyectos
en aquellas cosas q uno viene construyendo
y de repente
se derrumban
caen
Y levantarlo cuesta
tanto como cambiar de horizonte
porq a veces
resucitar algo ya no es posible
como la muerte misma
entonces hay q virar
y las preguntas arrecian
como? donde? hacia donde? que?
hoy se me vino todo abajo
otra vez
cuando parece q me puedo hechar una siesta
cuando parece q la tranquilidad aparece
tropiezo
caigo
y otra vez a empezar
otra vez
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